Mirar aquella estrella grande que brilla como ninguna, me hace recordar a esa persona
especial, que alegraba mis días, esta foto la realicé pensando en (…). Recuerdo lo feliz que fui
al ver su claridad, sentía como si estuviera flotando en ella, como si estuviera allí, siendo otro
punto al lado de esa majestuosa estrella, era como niña pequeña con sus juguetes favoritos,
claramente demasiado feliz.
Me trasmite mucha paz al verla, asimila como si todavía estuviera a su lado, que su ausencia
no me afectará, que solo veo lo lindo que la pasé a su lado con aquella fotografía, las energías
que ese momento me transmitían eran únicas, el amor tan grande que guardaba dentro de mi
lo ¡explote! Aquella noche, esa esfera brillante hace que recuerde lo feliz que fui a su lado, o
simplemente como si lo estuviera viendo a los ojos, dos esferas que brillaban tan hermoso
como aquella luna.
La Luna, en su misterio y belleza. Su resplandor nos recuerda la fugacidad de la vida y nos
invita a apreciar cada momento. A través de sus fases, nos enseña que todo es círculo y que
cada cambio trae nuevas oportunidades. En su serenidad, nos invita a soñar y a conectarnos
con nuestro ser interior.
La luna, como símbolo de cambio, ciclos naturales y equilibrio entre la luz y la oscuridad, ha
sido asociada con la imaginación, los sueños y la conexión con lo trascendental. Su presencia
en el cielo nocturno ha inspirado a lo largo de la historia a artistas, abarcando una amplia gama
de interpretaciones simbólicas y metafóricas.

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